SECRETOS DEL ENTRENAMIENTO

La capacidad de adaptación del ser humano se manifiesta en el entrenamiento, cuando se desarrollan capacidades físicas y mentales para la práctica deportiva, un proceso en el que paulatinamente nuestra biología recibe el estímulo del ejercicio, y evoluciona a partir de él, elaborando respuestas que le permiten rendir más eficientemente.

Así la disciplina del entrenamiento deportivo persigue aumentar las capacidades de rendimiento, mediante la práctica de ejercicios aeróbicos, anaeróbicos, de elongación, flexibilidad y potencia muscular, que pretenden perfeccionar el instrumento cuerpo, para ejecutar un gesto atlético que va evolucionando en el tiempo, mediante un entrenamiento “técnico”. Este último se basa en principios biomecánicos que se transmiten consciente o inconscientemente a los deportistas, y que a capacidades psicofísicas similares hacen la diferencia.

Más allá de esto, hallamos el punto trascendental, y que hará la diferencia más significativa: la evolución mental, y que dice con el desarrollo de técnicas de autocontrol, de concentración, de focalización, de relajación. El manejo sugestivo, las técnicas de transferencia, etc. que realiza un entrenador, que más allá de tácticas o técnicas debe dar apoyo y motivación, realzan la importancia de abordar la esfera psicológica de los deportistas, porque como dice el refrán, “el músculo más importante es el cerebro”.
Esto reza para todos los deportes, y más allá de ellos, con la base de un cuerpo templado, ágil y resistente, y que cuando no está se le echa de menos.

Cada disciplina requiere de un tipo diferente de entrenamiento. Y este parte desde una base aeróbica y muscular, regulando la cantidad o carga de ejercicios, y su calidad, de acuerdo a cada deportista. Los ejercicios más recurridos que nos preparan aeróbicamente son la marcha, el trote, la natación y el ciclismo. La base muscular se gana primero con el aprendizaje de ejercicios de elongación y flexibilidad, y ¡por último! de carga.
Esto, y el aumento gradual de la carga, asumiendo pausas de recuperación y descanso, nos protege de cualquier lesión de abuso  Los deportistas deben hacerse conscientes además, de que “todos los días no son iguales”, es decir, somos presas de un ritmo biológico, el biorritmo, con ritmos diarios, lunares, anuales… Como las mareas, que a veces están de alta, y otras, de baja. Esta forma de ver la condición propia se denomina en psicología autoscopía, cuando nos acechamos en nuestro estado de ser, nuestro “humor”, que se define por algo de “genio, especialmente cuando se da a entender con una demostración exterior”, como en el deporte.

Esto permite extraer tres corolarios. Uno, que para competir debemos tratar de elegir el momento más oportuno; dos, que en los días bajos no debemos forzarnos, porque nos hacemos más propensos a lesiones; pero que a pesar de esto, podemos sobreponernos, mediante el manejo de nuestro propio ritmo de entrenamiento.Además de fluctuar en el tiempo, la capacidad de rendimiento atlético es individual, y la velocidad de su evolución también. Así, no podemos exigirnos ni exigir, “por parejo”, e incurrir en sobrepasarnos,  ya que la carga de ejercicios que nos corresponde debe variar de acorde a nuestra condición particular. De lo contrario, somos vulnerables a lesiones y abulia, desgano para entrenar.
.De la mano con la “fuerza mental “, los factores individuales que intervienen en el rendimiento corporal son la FUERZA, la RESISTENCIA, la RAPIDEZ y la MOVILIDAD.  Estos elementos no deben verse aisladamente, sino que han de considerarse que están en dependencia mutua.  De esta manera, el entrenamiento de la condición psicofísica es un juego planificado por el cual se alanza o se mejora el rendimiento deportivo, mediante actividades corporales específicas.

La planificación no sólo se basa en la rutina de todos los días y semanas, sino también en el estudio de esas rutinas para un estudio a corto, mediano o largo plazo.  De esa manera, el entrenamiento también variará, dándose prioridad a distintas cosas.  Una escalada en roca tendrá claramente un desarrollo diferente al ascenso a un monte de altura y así sucesivamente.  Eso sí, para desencadenar continuamente el efecto de la adaptación biológica es necesario entrenarse con regularidad, producto de la virtud de la perseverancia. Hay que entrenarse según la edad, con prácticas variadas, encontrando la proporción óptima entre el esfuerzo y el descanso. Así tendremos un entrenamiento salutífero, protegiéndonos de la práctica deportiva intensa, morbosa, y donde el deporte no es salud.
Dr. Mauricio Purto

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